Leonel Fernández Pacta con el PRD.
El microcosmos dominicano se detuvo este jueves con la firma de un pacto entre los dos protagonistas de la política dominicana.
Rival inmisericorde en los comicios presidenciales del 2008, hasta el punto que ni lo felicitó por su triunfo, Miguel Vargas, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), no dudó en abrazar al presidente Leonel Fernández tras firmar un acuerdo que puede desembocar en un cisma en esa agrupación.
Aunque contiene provisiones sobre temas tan disímiles como la nacionalidad, las fuerzas armadas, el número de miembros del Poder Legislativo y la unificación a plazo mediato de las elecciones, el pacto tiene un norte magnético: la reelección presidencial.
Una de las enmiendas propuestas a la carta magna dominicana, ahora a debate, busca eliminar el artículo que proscribe que un mandatario opte "nunca jamás" por la reelección.
La base del pacto tiene todos los ribetes de una solución salomónica pues le evita a Vargas enfrentarse en los próximos comicios a Fernández, un rival que lo superó de manera clara, con más experiencia como estadista, dotes diplomáticas de las que él carece y mayor carisma.
En el caso de Fernández, le da un respiro que, además de evitarle el desgaste por ejercicio del poder, desmiente alegaciones de que desea perpetuarse en el gobierno.
Asimismo da luz verde a las aspiraciones de su correligionario en el Partido de la Liberación Dominicana Danilo Medina, a quien en su momento arrebató la candidatura.
Con dos mandatos consecutivos (2004-2008, 2008-2012) y uno anterior, en 1996, Fernández se allana el camino para presentarse en 2016, cuando tendrá 63 años y, salvo imponderables, estará en pleno uso de sus facultades.
Esos son los aspectos visibles del acuerdo, suscrito en el Hotel Jaragua de esta capital después de 24 horas de especulaciones desbocadas en el cotarro político dominicano, aunque no los únicos.
Uno de ellos es que Vargas echó su cuarto a espadas contra la dirección tradicional del PRD, concentrada en las personas de su presidente, Ramón Alburquerque, y del ex mandatario Hipólito Mejía.
El primero no dudó en calificar la rúbrica de traición; Mejía, dijo que no puede hablar por el partido, aunque elogió la erradicación de la reelección consecutiva.
Los encontrados criterios dejan entrever la posibilidad de una fractura en el principal partido opositor y, al mismo tiempo, fortalecen la impresión de que el bipartidismo se perfila cada vez más como una realidad en este pequeño país.
El quid de la cuestión radica en la eventualidad de que la fisura en esa agrupación sea tan profunda como para provocar un desprendimiento, interrogante que debe despejarse en breve.
Vargas parece estar seguro de su influencia en el PRD como para crear una agrupación alternativa, con ese u otro nombre, que de un solo golpe lo convierta en la segunda voz política del país y, de paso, saque de la escena a sus contrincantes internos.
Sin dudas, el gran perdedor del acuerdo es el menguado Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), relegado a la categoría de minoritario en las presidenciales del 2008, cuando obtuvo poco más del cuatro por ciento de los sufragios, el cual sigue sumido en una profunda crisis de identidad a pesar de los esfuerzos por reunificarlo.
La gran pregunta es hasta dónde ha llegado Vargas en sus cabildeos entre las filas de su agrupación y del PRSC, que bien podría desmembrarse o aliarse a uno de los dos nuevos árbitros de la política dominicana.



